lunes, 28 de noviembre de 2011

Ruego a Dios me dé claridad al intentar explicar este asunto de los costos y los precios justos. En primer lugar, un precio es justo cuando tanto comprador como vendedor sienten que hicieron un buen negocio. Esto es comenzandito. Aparte, debemos considerar el asunto de la oferta y la demanda que Chávez entiende y aplica full en cuanto se refiere al precio del petróleo. Con relación al costo de un producto, me permito informar que lo integran por lo menos tres grandes grupos.

1) La materia prima, que es, en principio, todo el material que se puede identificar en un producto (la madera y el hierro en un pupitre, por ejemplo).

 2) La mano de obra directa (todo lo que se le paga al trabajador, sea éste obrero o ingeniero, en la producción del bien), y se llama directa si la ausencia de este trabajador en la línea de producción interrumpe o modifica la productividad.

3) Y, finalmente, la carga fabril o costos indirectos de producción (electricidad, vigilancia, depreciación, alquileres, agua, mano de obra indirecta, como supervisores o entrenadores, etc.).

Es ciertamente complicado calcular el valor de la materia prima usada, digamos, en la fabricación de una pelota de baseball. Si fuese una empresa que produce 20 tipos de pelotas, la cosa se enredaría aún más y requeriría de verdaderos expertos para proyectar con exactitud dicho costo. En cuanto a la mano de obra directa, es igualmente un asunto espinoso. En un telar, un operario puede producir 25 tipos de telas al día, de manera que distribuir el costo de su salario entre esos 25 renglones resulta una tarea igualmente compleja que requiere de verdaderos peritos.

El último componente sí es totalmente un atolladero. Distribuir los costos indirectos o carga fabril en una empresa que, como Polar, produce más de 200 artículos distintos es una proeza que requiere habilidad, formación, experiencia, conocimientos y hasta algo de arte, poesía, música y magia. Juan podría ser un experto calculando los costos de una pelota, pero para proyectar los de otro producto, valga decir la mayonesa de 250 gramos, necesitaría de varias semanas de estudio.

La cosa se torna peliaguda si queremos ver la ganancia justa.

Para Pdvsa y Chávez la ganancia justa es que el barril llegue a 200 dólares sin importarles un carajo el costo de producir ese barril; para un consumidor del Perú el precio de la gasolina es exorbitante. En este caso, sólo el vendedor está contento y no se cumple la máxima de que tanto vendedor como comprador salgan sonrientes del negocio.

Un equipo de 20 auditores, expertos en contabilidad, que quisiera verificar, con cierta precisión, lo razonable o no de la estructura de costos de tan sólo 10 productos, tardaría, calculo yo, una semana. Pero para certificar el costo de todos, toditos los productos de una economía (400.000 renglones básicos) se necesitarían todos los auditores del planeta y sabemos que eso es imposible.

Si agregamos a este enmarañado asunto el concepto absolutamente discrecional, autoritario, alocado, imposible de proyectar de la ganancia "justa" al vender pelotas, pupitres, telas o mayonesa, nos convenceremos de que esa ley es inaplicable, inadecuada, extraterrestre, disfuncional y mentirosa. Así que la única explicación es el deseo de controlar todo el aparato productivo, todas las empresas, sin aparecer internacionalmente como un Estado comunista tipo Cuba o Corea del Norte.

Termino simplemente diciendo que si a la Colgate le fijan el precio de sus productos contra su voluntad, seguramente no los producirá internamente. Vamos derecho al infierno. A la escasez total. A la ruina nacional. Al comunismo del siglo XXI. ¿Qué comeremos?, preguntó el coronel.

Comeremos m...a.


Por: EDUARDO SEMTEI ALVARADO.
Política | Opinión
EL NACIONAL
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